Biografía de San Marcelino Champagnat
Marcelino
José Benito Champagnat nació el 20 de mayo de 1789 en la aldea
de Le Rosey (hoy Rozet) en el municipio de Marlhes (departamento de la Loire,
Francia) y fue bautizado al día siguiente, que en ese año se
celebraba la fiesta de la Ascensión. Era el 9º de 10 hermanos
de la familia constituida por Juan Bautista Champagnat, hijo de pequeños
propietarios de campo, y María Teresa Chirat, de familia de pequeños
comerciantes, ambos, pues, de lo que entonces se llamaba en Francia la
pequeña burguesía. Como el décimo vástago murió
de niño (al igual que otros tres, un varón y dos mujeres),
Marcelino quedó como el benjamín de los 6 hermanos vivientes
de la familia (3 varones y 3 mujeres).1789 es el año de la
Revolución Francesa, y el padre de nuestro santo, Juan Bautista
Champagnat, fue un fervoroso militante en las filas del partido de los jacobinos,
ocupando diversos cargos públicos en el municipio de Marlhes y en
el cantón de Saint-Genest-Malifaux. De su padre (fallecido en 1804)
heredó Marcelino el espíritu activo y tenaz, su habilidad para
los trabajos manuales, su dedicación a la promoción social
y su entrega en favor de los humildes. De su madre (muerta en 1810), la
religiosidad y el espíritu mariano. A pesar de la vasta cultura de
su padre, y de tener alojada en casa a una hermana de su padre, religiosa
de la congregación de Hermanas de San José, en obligada
exclaustración por la Revolución, Marcelino, nada inclinado
a los estudios, no aprendió a leer sino muy tarde, a los 14 años.
Fue en casa de su hermana mayor, casada con el maestro Benito Arnaud, en
la localidad de Saint Sauveur-en-Rue. Allí pasa largas temporadas
entre los años de 1803 a 1805. No hay que olvidar que debía
aprender a leer junto con la lengua francesa, lengua que no hablaba, pues
su habla materna era un dialecto occitano de la familia del provenzal. Cuando
en las vacaciones de Pascua de 1804 un sacerdote pasa por Marlhes buscando
vocaciones sacerdotales, se fija en Marcelino a quien le dice: Hijo mío,
tienes que estudiar el latín y hacerte sacerdote, Dios lo quiere.
Su decisión desde entonces será irrevocable, a pesar de que
su cuñado el maestro Arnaud, ante el escaso progreso de su alumno,
dictamina que no es apto para los estudios eclesiásticos. En la fiesta
de Todos los Santos de 1805, Marcelino entra en el seminario menor de
Verrières (departamento de la Loire), a la edad de 17 años.
Debe sentarse con los principiantes, a pesar de su edad y de su estatura
(mide 1,79 m) y el primer año fracasa como estudiante: el director
del seminario le recomienda quedarse en casa en las vacaciones de verano.
Marcelino hace una peregrinación a pie, junto con su madre, a La Louvesc,
donde está la tumba del apóstol de la región, San Juan
Francisco Régis, y consigue que le den otra oportunidad. El segundo
año en el seminario y los siguientes verán subir el nivel de
rendimiento del tenaz Marcelino. En 1813 pasa al seminario mayor de Lyon,
junto con Juan Claudio Colin y Juan María Vianney, futuro santo Cura
de Ars, para empezar su primer año de teología. En el curso
del año escolar de 1815, un nuevo seminarista proveniente del Puy,
Juan Claudio Courveille, comunica a algunos de sus compañeros su proyecto
de una Sociedad de religiosos Maristas. Adhieren a la idea, entre otros,
Marcelino Champagnat y Juan Claudio Colin. Marcelino incorpora al proyecto
su idea de los Hermanos para la educación cristiana y la
alfabetización de los niños de las zonas rurales. El 22 de
julio de 1816, junto con Colin, Courveille y otros 50 compañeros,
Marcelino es ordenado de sacerdote; tiene entonces 27 años. Al día
siguiente, los 12 signatarios de la promesa de constituir la Sociedad de
María, capitaneados por el promotor de la idea, P. Courveille, suben
al santuario de Ntra. Sra. de Fourvière. Courveille celebra la misa,
los demás comulgan de sus manos y todos se consagran a María
y prometen solemnemente dedicarse a establecer la Sociedad de María.
El 12 de agosto de 1816 Marcelino Champagnat es nombrado vicario parroquial
en el pueblo de La Valla-en-Gier, con una población de 2.000 habitantes
dispersos en múltiples y lejanas aldeas por las faldas de la cadena
de montañas del Pilat, en el Macizo Central. Inicia oficialmente su
apostolado el día 15 de agosto, fiesta de la Asunción de
María. Pronto transforma totalmente la parroquia: predica, visita
a los enfermos aún de las aldeas más alejadas, hace la catequesis
a los niños, implanta la práctica del mes de María,
distribuye libros para extender las buenas lecturas, combate el trabajo en
domingo, las borracheras, los bailes... El 28 de octubre, en la alejada aldea
de Les Palais, asiste en su lecho de muerte al joven de 16 años Juan
Bautista Montagne, que no ha oído nunca ni siquiera hablar de Dios.
Esto lo decide a poner en práctica inmediatamente su proyecto de Hermanos
para la educación. Inicia con un ex granadero de Napoleón,
Juan María Granjon, de 22 años, a quien el Padre debe
enseñarle a leer. Al poco tiempo, se le añade Juan Bautista
Audras, de 14 años, y el P. Marcelino los instala en una casita alquilada,
luego comprada con la ayuda del P. Courveille. (Éste, vicario parroquial
en Rive-de-Gier a pocos km de La Valla, lo visitaba con frecuencia, de acuerdo
con la promesa de Fourvière).
Es el 2
de enero de 1817: fecha del nacimiento de la congregación de los Hermanos
Maristas. Champagnat les da el nombre de Hermanos de María, en honor
de la Sma. Virgen en quien ha depositado toda su confianza. En noviembre
de 1818 funda la primera escuela en su pueblo natal, Marlhes. Y al año
siguiente en su parroquia, La Valla. En adelante, los pedidos de nuevas
fundaciones se harán tan perentorios, que en el lapso de 22 años,
deja a su muerte 48 escuelas fundadas donde se educan unos 7.000 alumnos.
María bendice igualmente su congregación con abundantes vocaciones.
En el mismo lapso, Champagnat deja 280 Hermanos, más 49 que ya
habían fallecido. En tan pocos años, Marcelino Champagnat se
prodiga sin medida: forma a los Hermanos, religiosa y pedagógicamente,
funda y visita las escuelas, construye el vasto monasterio-noviciado del
Hermitage (trabajando personalmente como albañil y carpintero), atiende
la administración de lo temporal (con grandes problemas financieros),
gestiona ante las autoridades de París la aprobación legal
de su Instituto, entrevista a obispos, sacerdotes, alcaldes y otras autoridades
civiles para asentar sus fundaciones escolares, etc., etc. Esta febril actividad
se une a su gran espíritu de mortificación: viaja a pie o a
caballo, ayuna con frecuencia días enteros para poder celebrar la
misa, reza de noche y lleva la contabilidad y la correspondencia después
de que todos se retiran a descansar... No es de extrañar que, a pesar
de su fuerte constitución campesina, su salud se quebrantara. Desde
una fuerte caída en su salud a fines de 1825, arrastró durante
15 años, hasta su muerte, una gran debilidad de estómago que,
amén de fuertes dolores, lo obligaba a privarse a menudo de todo alimento,
pues le resultaba intolerable. Añádase a esto las múltiples
contrariedades, sobre todo en los comienzos de su obra, pues hasta sus colegas
sacerdotes lo tildaban de orgulloso, de obrar por vanidad de ostentar el
título de fundador; hasta lo consideraron loco y falto de toda prudencia
(incluso su confesor y director espiritual lo
abandonó).
Ciertamente,
considerada desde el solo espíritu humano, su acción no podía
menos de sorprender y escandalizar. Pero Marcelino Champagnat era hombre
de fe y de una profunda humildad. Puso toda su confianza en Dios y en
María, a quien llamaba su Recurso Ordinario y Primera Superiora, y
cuando - con la venia de sus superiores los Obispos - juzgaba que se trataba
de la voluntad de Dios, nada ni nadie podía detenerlo. Si su obra
en la fundación de los Hermanos es lo más conocido y admirado,
no menos admirable fue su dedicación en la realización del
proyecto Marista total del seminario, los PP. Maristas en particular. En
torno a él, se formó un grupo de 10 sacerdotes Maristas que,
unidos a los 10 del P. Colin, formaron el núcleo fundacional de la
Sociedad de María. Durante bastantes años el P. Champagnat
se encargó de la formación en El Hermitage de los Hermanos
de servicio de los Padres, al mismo tiempo que a sus propios Hermanos de
enseñanza. En 1830 fue elegido como Rector Provincial Marista para
la diócesis de Lyon (el grupo de Colin estaba en la diócesis
de Belley). Es pues considerado, a justo título, como co-fundador
de los PP. Maristas a la vez que fundador de los Hermanos Maristas. En 1836
hizo profesión de los votos religiosos como sacerdote de la Sociedad
de María. El mismo año parte para las misiones de Oceanía
el primer contingente Marista: 1 obispo (Mons. Pompallier), 4 sacerdotes
Maristas (uno muere en el viaje; otro, morirá mártir y será
el primer santo Marista: san Pedro María Chanel) y 3 Hermanos Maristas
del P. Champagnat. Grande fue su deseo de ir él mismo a las misiones,
pero la obra de los Hermanos lo retenía; lo compensó enviando
varios otros contingentes de sus Hermanos como colaboradores de los Padres
y dando a la Iglesia los primeros Hermanos mártires. En el campo
educativo, Marcelino Champagnat fue un pionero, pues siempre estuvo abierto
a lo nuevo que fuera más eficiente. Adoptó el método
simultáneo-mutuo de enseñanza, zanjando así la
polémica entre el método llamado de los Hermanos (de la Salle)
y el método sajón o Lancasteriano. Adoptó igualmente
un nuevo método de lectura, el fonético-silábico, en
reemplazo del tradicional del deletreo. Introdujo la enseñanza del
canto en la escuela, la educación física, la teneduría
de libros y la agrimensura. Introdujo igualmente el catecismo mariano, hizo
practicar la disciplina preventiva y prohibió todo castigo
físico.
Colmado, pues, de méritos y de trabajos, entrega su alma a Dios por medio de María en un sábado, 6 de junio de 1840, cuando los Hermanos estaban cantando la alabanza mariana de la Salve como inicio de la jornada, práctica que él había introducido como escudo contra todos los disturbios políticos y sociales que en la Francia convulsionada de su tiempo tuvieron él y los Hermanos que soportar. El 29 de mayo de 1955 es beatificado por el Papa Pío XII luego del reconocimiento de 2 milagros: la curación de un cáncer terminal obrado a favor de una señora en los Estados Unidos de América, y la de una meningitis mortal a favor de un joven de Madagascar. El 3 de julio de 1998 el Papa Juan Pablo II firma el decreto en donde reconoce el 3er. milagro, la curación súbita de una enfermedad terminal, la histoplasmosis, a favor de un Hermano Marista del Uruguay. Podemos, pues, invocarlo ya como San Marcelino Champagnat. |
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Ya para el 9 de enero del año de 1999, el Papa Juan Pablo II convoca el Consistorio ordinario que se celebra en Palacio Apostólico para el voto sobre algunas causas de Canonización: Marcelino José Benito Champagnat, Juan Calabria y Agustina Livia Pieatrantoni, y se anuncia la fecha del 18 de abril de ese mismo año para la canonización de estos Beatos. El 18 de abril del mismo año se realiza en Roma la canonización por el Papa Juan Pablo II teniendo como lema "Un Corazón sin fronteras" y llevando como logo el siguiente:
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